"Niño Taung"
La historia de los descubrimientos de homínidos fósiles en África del Sur es en sí misma toda una novela. Todo empezó con el hallazgo del famoso cráneo del niño de Taung en 1924, el cual fue a parar a manos del profesor Raymond Dart. Éste no era precisamente un entusiasta de la Paleontología, pero al final se vio envuelto en una de las mayores controversias científicas del siglo XX. Cuando publicó la descripción del cráneo, que atribuyó a la nueva especie Australopithecus africanus, concluyó que pertenecía a una criatura bípeda y situada «entre el más primitivo de los hombres y el más avanzado de los monos». Y ahí empezó su calvario personal. El fósil parecía ir en contra de todas las ideas predominantes en la Paleoantropología de la época. Por aquel entonces se creía que la Humanidad debería de haberse originado en Eurasia (por más que Darwin hubiera sugerido que África era el lugar más plausible), tal vez por un ramalazo de chovinismo occidental y de desprecio hacia el «continente negro». También se creía que el motor de la evolución humana era el aumento del cerebro. Así, los primeros homínidos deberían ser criaturas de cuerpo simiesco pero con mayor capacidad craneal. Justo lo contrario que el niño de Taung, una suerte de chimpancé bípedo…

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